La Política Educativa en México desde una perspectiva regional
Fortalecer
antes de implementar: capacidades estatales, federalismo y reforma educativa en
México
En 2013, el
gobierno priista del presidente Enrique Peña Nieto impulsó una reforma
educativa que aspiró a mejorar la calidad de la educación mediante el
establecimiento de nuevas bases para regular el ingreso, la promoción y la
permanencia de 1.5 millones de docentes en un sistema educativo caracterizado
por prácticas como la venta ilegal de plazas y la asignación a puestos
directivos
La reforma
planteó que los maestros debían ser evaluados al menos una vez cada cuatro años
(en promedio, 25 % de los maestros debían ser evaluados cada año) mediante un
sistema implementado en gran parte por los gobiernos estatales. Las
evaluaciones se convirtieron en el principal medio para decidir si un docente
podía seguir siendo parte del sistema educativo. Las evaluaciones del desempeño
docente, por ejemplo, tuvieron como propósito definir si un maestro o maestra
podía permanecer impartiendo clases.
La reforma
también instauró evaluaciones de promoción para determinar quién podía ocupar
puestos de dirección o supervisión en más de 200 000 escuelas públicas del país
con el objetivo de eliminar prácticas que premiaban la lealtad sindical y que
facilitaban el control del magisterio por parte del Sindicato Nacional de los
Trabajadores de la Educación (SNTE) ―uno de los sindicatos más poderosos del
mundo.
A pesar de los
obstáculos y el revés que la reforma educativa sufrió en 2018, el análisis de
esta experiencia muestra que las capacidades que los gobiernos estatales
desplegaron fueron cruciales para alcanzar un mayor número de maestros
evaluados.

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